Cómo reconocer a un ególatra (y la distancia en kms que has de mantener)

Llevo toda la semana dando vueltas a la posibilidad de escribir sobre el ego, porque es un término que últimamente se ha puesto de moda como arma arrojadiza. En la política, en los medios, en el trabajo… Hasta ahí nada que objetar, que cada uno es muy libre de poner a caldo al de al lado si le place, y ya somos todos mayorcitos para afrontar la ley del boomerang: todo lo que haces/dices/piensas te vendrá de vuelta (y multiplicado). So, up to you. Pero para lo que tengo menos paciencia -RAE mediante- es con las personas que hacen uso inadecuado de la palabra porque desconocen el concepto, y meten en el saco del ego cualquier cosa. Me animo a escribir sobre esto superando las reticencias y urticaria que me dan los ególatras (más aún en domingo, día de guardar… se de cualquier toxicidad) porque me he cruzado esta mañana con un post del talentosolucionador de la comunicación, Juanma Romero, titulado “Cuando te critican, ¿lo aceptas?”, que hace mención al ego. Y como en esta vida nada es casual, me lo tomo como señal para afrontar el tema.

No es lo mismo ego, que autoestima.

Empecemos por el principio: las definiciones (pero no entendidas desde la psicología del “yo”, existencia, etc.).

Ego: que siente veneración por sí mismo y espera esa veneración de los demás. Y ahora definición de la palabra con la que sorprendentemente algunos lo confunden y que tan poco tiene que ver.

Autoestima: consideración, aprecio o valoración de uno mismo.

Repasemos: ego es lo que pensamos que piensan los demás sobre nosotros. La autoestima es simplemente lo que pensamos sobre nosotros mismos. Se puede tener mucho ego, pero muy baja autoestima (suele estar bastante ligado), o al contrario:  alta autoestima y bajo ego. Personalmente creo que del segundo tipo hay más: personas que se se valoran por lo que son, que se quieren y se aceptan; saben que tienen fortalezas y valores; sus propios dones. Y también son conscientes de sus carencias pero, o intentan mejorarlas, o no escurren el bulto intentando endorsárselo a los demás. Por lo tanto, una persona con buena autoestima no depende del ego -o aprobación y lisonjeo- de los demás para sentirse segura y defender sus ideas o posturas.

La mejor manera de no confundir a una persona con ego desmedido de alguien seguro de sí mismo y/o asertivo es analizar el perfil del ególatra. Hay tipificado un trastorno de personalidad narcisista (TNP) que se puede corresponder con un comportamiento ególatra. Se caracteriza por presentar un patrón generalizado de grandiosidad, en el que existe una necesidad de admiración y cero empatía con el resto de las personas. Se trata de un problema que afecta a una persona a nivel individual pero también social, ya que las relaciones que se establecen con otras personas vienen condicionadas por esta egolatría exagerada o narcisismo.

Nota: los ególatras se comportan siempre de la misma manera, lo cual no quita que todos podamos tener algún momento puntual de “egolatría”. Si somos medianamente sanos, ya nos bajará algún ser querido a tierra tirándonos de las orejas.

Pero desglosemos el término. Me gusta la sencillez y claridad del artículo “Cómo saber si alguien tiene un gran ego” elaborado por eHow. Lo adapto en las siguientes líneas.

¿Qué caracteriza al ególatra?

1. Las cosas o se realizan a su manera no se realizan. Equiparan el compromiso con la pérdida.

2. Las personas egocéntricas sienten que deben ser el centro de atención para validarse a sí mismas.

3. Descuidan las necesidades de los que los rodean y piensan solamente en términos de lo que los favorece.

4. Necesita recibir halagos constantemente. Intentan cubrir así su baja autoestima. A diferencia de una persona con buena autoestima, alguien con ego desmedido necesita la aclamación de los demás para mejorar su propia imagen subdesarrollada en secreto.

5. Están solos. Las personas demandantes y narcicistas sólo consiguen que las demás se alejen por agotamiento y desgaste emocional.

6. Creen que el éxito de los demás implica su fracaso. Estos individuos se sienten mejor cuando la gente a su alrededor logra y gana menos. Con frecuencia intentan “colgarse las medallas” de éxitos ajenos.

7. Les gusta “debilitar” a los otros. Pretenden asegurarse así  de que los demás no lo superen en los negocios o la vida en general, por lo que están constantemente a la defensiva.

8. Suelen actuar como un “espejo”, intentando proyectar en los demás sus propias carencias (ego incluído).

Fragilidad emocional

Estamos de acuerdo. Tener cerca a alguien así es una pereza, pero nunca está de más intentar comprender lo que se oculta detrás. Como gesto de humanidad, y porque puede ayudar a tomar perspectiva si te ha tocado en suerte un ególatra cerca. Lo explica muy bien un artículo de Clarín Blogs, que dice: “Las personas ególatras no nacen con esa condición, sino que son formadas así a partir del entorno de su cuna. Son muchos y variados los factores que concurren para constituir una personalidad egocéntrica y casi todos se dan durante los años de la infancia”.

-Y detalla lo que ya hemos visto con estas palabras: “Independientemente del nivel social que alcance, o de las posesiones que haya obtenido, siempre se hallará rodeado de personas obsecuentes, serviciales, serviles y, en general, de gente que le es útil de una u otra forma. Estas personas, que forman el entorno del sujeto egocéntrico, pueden ser familiares, empleados, amistades, conocidos, etc. Las necesita como el aire; así como precisa constantemente ser el centro de atención y sentir la aprobación incondicional de todo su entorno. También necesita buscar y encontrar debilidades y defectos en los demás para hacerlos públicos, los manifiesta abiertamente y sin tapujos, aún cuando se trate de esa misma gente que compone su propio entorno. Es despótico y crítico inapelable; usa y abusa de los demás (lógicamente si es que los demás se lo permiten); antojadizo; inconstante; le gusta ostentar el poder que tiene sobre los demás y si posee dinero, alardeará exhibiendo sus nuevas adquisiciones”.

-Vamos  a la parte Peter Pan : “También son aparatosos sus enojos, sobreactuados, fingidos; casi siempre terminan con una abrupta salida de la discusión, dejando a los demás con las palabras en la boca. Ningún mortal está a su altura para mantener una discusión. Obviamente no soporta que le lleven la contraria; así queda expuesta su costumbre de antojadizo o caprichoso; en cierta forma también queda al descubierto que la persona ególatra es como un niño grande. Nunca ha crecido o, por mejor decirlo, no ha podido completar su crecimiento o, mejor aún, ha crecido dentro de su propia egolatría”.

-Un paso más hacia la parte más oscura: “Sus temores más profundos le sobresaltan por las noches, especialmente después de las dos de la madrugada y hasta alrededor de las cinco de la mañana. Es muy probable que dos o tres veces al mes se sumerjan en una profunda depresión (sin razón aparente), de la que suelen salir merced al uso (o abuso) de distintos estimulantes a los que es adicta. Estos molestos estados depresivos se deben básicamente a sus miedos. Miedos relacionados a las pérdidas y a ideas o pensamientos suicidas, y a sus secretos que tan bien guarda pero que, a veces, siente que deja de controlar y pudieran hacerse públicos, dañando la imagen de sí que tan bien cree haber construido. Y es que hay muchos secretos en la vida de estas personas; no es poco probable que lleven una vida paralela que viven tan intensamente como la otra pero que es diametralmente opuesta”.

– Esto está bien saberlo, para no llevarse sorpresas: “El ególatra es magnánimo a la hora de dar, pero exigirá que se le restituya mucho más que lo que ha dado; espera de sus beneficiados la lealtad y subordinación que recuerdan a la esclavitud”.

– ¿De dónde viene todo?: “La conducta y comportamiento ególatras responde exclusivamente a tempranísimas imposiciones y a sobreprotección por parte de los padres, a la falta de límites (de toda clase) y a cierto sentimiento de orgullo y soberbia canalizados defectuosamente. La persona ególatra puede o no ser exitosa en la vida; pero siempre correrá detrás de más éxitos, logros y posesiones porque, imperiosamente, necesita de la aprobación y el afecto de los demás, aunque sea comprándolos. Por alguna u otra razón, por un motivo u otro, pueden desembocar en graves alteraciones mentales, cuando no, en severas afecciones orgánicas casi siempre provocadas por el abuso de sus adicciones”.

-Y la gran pregunta: ¿tiene solución? “Manejar o controlar el ego no es tarea fácil ni sencilla; en el ególatra, la cosa se ha salido de control. Es justamente en el ególatra en donde puede advertirse, clara e inobjetablemente, el poder destructivo del ego, no solo hacia los demás, también hacia sí mismo”.

Claro queda que el ególatra sufre una patología severa y que tenerlo cerca es un problema de difícil solución (sólo se me ocurre poner tantos kms de distancia como kilómetros tenga su ego).

Asi que, para no dañar sensibilidades, mejor no jugar a insultar con este término. Siempre estarán ahí “zascandil” o “botarate”: menos cool, pero más cuulto.

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