Por qué todos deberíamos llevar un taxi driver dentro…

“¿Hablas conmigo? ¿me lo dices a mi?… Entonces, ¿con quién puñetas estás hablando?”… Pues no Travis Bickle (Robert de Niro para no iniciados), no es a ti. Ni este post se refiere a la peli de culto de los 70, Taxi Driver. Estas palabras van dirigidas a ese “yo” inconsciente que todos llevamos dentro y que, de vez en cuando, boicotea nuestros deseos haciéndonos creer que no somos capaces de conseguir algo. Recorremos los 5.578 kilómetros que separan Nueva York (escenario del filme) de Londres (donde viven los taxi drivers que nos interesan) para recibir un chute de confianza de la mano -o del libro- de todo un talentsolucionador: el Dr. Joaquim Valls.

No hace falta ni abrir el libro para recibir el primer impacto positivo; en la misma portada de Genial mente. Las claves de la inteligencia, el talento y la creatividad (Obelisco), te encuentras la siguiente frase: “Si tienes carné de conducir, ¡tu también puedes ser un genio!”.

¿Ein?  Demasiado grandilocuente; esto sí que es una “genialidad” de los de marketing de la editorial para conseguir ventas…’. Si estos han sido también -como lo fueron los míos- tus pensamientos al leer esto, te decepcionarás contigo mismo al cabo de un rato (de estar leyendo el libro, claro). Joaquim Valls no sólo justifica con argumentos la frase, sino que además te mete en el cuerpo via mente las ganas de alcanzar tus metas y superar tus propios retos. Vaya, que sí. Que si fuiste capaz de sacarte el carné de conducir con lo que eso supuso en su momento, aunque ya ni te acuerdes (aprenderse el tostón del teórico de memoria y hacer cientos de test en la autoescuela porque solo te permitían tener tres fallos; repetir incansablemente -una y otra vez, en horas intempestivas- las clases prácticas hasta superar la “visión de túnel” y ser capaz de aparcar el coche sin subir la rueda al maldito bordillo; trabajar de cualquier cosa para sacarse el dinero que costaba el carné o ingeniárselas para conquistar a unos padres recelosos de que te lo pagaran; irse hasta donde dios olvidó su nombre para examinarte; volver a pasar por todo el proceso -sin plantearte siquiera el dejarlo- si te suspendían… ) eres capaz de conseguir lo que te propongas.

 

Como explica el propio Valls: “Si tienes carné de conducir y, por lo tanto, has conseguido aprobar su examen teórico, nada puede impedirte que aprendas lo que te propongas y, con el paso del tiempo, ¡llegar a ser un fuera de serie en lo tuyo! (…). Todos conocemos a jóvenes que mantienen la creencia limitante de que no sirven para estudiar, pero en cuanto les hablas de motocicletas o de su deporte favorito, acumulan información y conocimientos a raudales. La pregunta es inevitable: ¿por qué han llegado a saber tanto de determinadas cosas y no han conseguido titulación académica alguna? ¿Es que nadie se cuestiona por qué casi todo hijo de vecino aprueba el examen teórico de conducir y en cambio son relativamente escasas las personas de este país (incluyendo presidentes del Gobierno) que se defienden en inglés?”.

 

Pues básicamente, porque las motivaciones que nos llevan a alcanzar nuestras metas y sabernos válidos para alcanzarlas son intrínsecas e ilusionantes (a nadie le obligan a sacarse el carné, pero es algo que todos deseamos y hacemos lo indecible por alcanzarlo. ¡Y el 99% lo consigue!), y por lo tanto estamos motivados y nos sometemos -voluntariamente- a una disciplina de estudio, de trabajo y de mejora. Estudiar inglés, porque sí, aún sabiendo que puede reportarnos muchas cosas positivas, no es igual que estudiarlo porque sabes que dominándolo te van a dar seguro ese puesto bien pagado que deseas. Ahí sí, te pones las pilas. Lo tangible de la “recompensa” es un catalizador; de ahí la importancia de marcarse objetivos personales (aunque no tengas la oferta aún encima de la mesa).

Y ahora es cuando entran los taxi drivers en acción. Este talentsolucionador explica en uno de sus capítulos las investigaciones llevadas a cabo por la profesora irlandesa de neurociencia Eleanor Maguire, quien ha estudiado el cerebro de los taxistas londinenses. ¿Qué tienen de especial sus cerebros? Pues absolutamente nada antes de prepararse para sacarse la licencia. Igualitos al de los taxistas de Sevilla o Madrid. Y al tuyo y mío. ¿Pero cómo es cuando llevan unos cuantos años de servicio? Espectacular. Desarrollan una memoria cartográfica prodigiosa.

Ya sabemos que Londres es una ciudad laberíntica, y enorme; pues bien, los aspirantes a taxistas para recibir la licencia se aprenden de memoria el callejero (lo llaman “El Saber”), y después, con la práctica, aumentan su capacidad mental del hipocampo de un modo asombroso. ¿Por qué aprenderse el callejero de memoria existiendo el GPS? Pues porque hay un “pique” personal y entre los propios compañeros del gremio; llamémosle “neura british” si queremos, pero ellos -además de asombrar al pasajero de turno- se llevan una ventaja competitiva a casa todos los días: aumentan su saber, ejercitan su mente, superan sus propios retos y ya de paso se ganan una buena propina y ahuyentan al futuro fantasma del Alzheimer.

 

“Todas las investigaciones neurocientíficas recientes conducen a una misma conclusión: la inteligencia no es un don genéticamente heredado, sino, en palabras de David Shenk, “un proceso dinámico, difuso y continuo”. O como defiende el psicólogo Mihàly Csikszentmihàly: “quienes obtienen resultados académicos excelentes no necesariamente han nacido más ‘inteligentes’ que los demás, sino que han trabajado con más ahínco y han desarrollado una mayor disciplina personal”, explica Valls. E insiste: “si aprobaste el carné de conducir, tienes todo, TODO lo que se requiere para aprender cualquier cosa”. Como ya tenemos el carné y sabemos que a base de entrenamiento podemos con lo que nos propongamos… solo nos queda dejar las aplicaciones de Google Maps apagadas. 🙂

Que tengáis una gran semana.

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