Take off: ha llegado el momento de surfear tu propia ola

Surf. Libre, intenso, impredecible, arriesgado, nómada.
El deporte más resultón (tanto si se practica como si no), el de las imágenes impactantes.
La actividad física que -incluso a los menos movidos- genera un puntito de envidia, que nos hace soñar.  Si bien cada vez más el hecho de practicar cualquier deporte  suma puntos en el escalafón social (la importancia que concedemos a la salud y el bienestar por suerte sigue in crescendo), no tiene el mismo efecto -con toda mi admiración hacia primeros y segundos- ser un ciclista del pelotón de la Vuelta a Cantabria, que ser surfero en Zarautz. Para qué nos vamos a engañar. Ambas disciplinas requieren esfuerzo, cansancio, horas de práctica, reto, sacrificio, pasión… Pero sólo una de las dos nos llegó con BSO incorporada (Dick Dale and the De-Tones, Beach Boys…) y envuelta en el paisaje idílico (las olas gigantes no cuentan) de brisa, sol y mar.  Que le pregunten a un no iniciado que elija entre subir a pedales los 12’6 kilómetros (con un desnivel de 1.266 metros) del puerto asturiano Angliru o mantenerse a flote en una tabla -y a poder ser sobre las olas- en la playa gaditana de El Palmar… Pues eso.

Aprovechando esta inclinación simplista pero natural que tenemos hacia este bello deporte, el surf resulta perfecto para explicar de manera simbólica nuestra realidad actual:

 

Vivimos en una sociedad líquida, cambiante y maleable, en la que nada permanece demasiado tiempo y en la que prima la inestabilidad.

Los cambios tecnológicos (que son exponenciales y no lineales, como sí lo es nuestra forma de pensar)  llegan a nuestras vidas y entornos profesionales golpeando con la fuerza de un tsunami: muchas de las cosas que funcionaban hasta ayer, ya no sirven más; la fuerza y avances de las nuevas tecnologías barren sistemas y metodologías conocidas, obligándonos a crear de nuevo, a imaginar, a reinventar.

El único modo de supervivencia -o de evitar el sufrimiento- a este entorno líquido es adoptar también una mentalidad líquida: frente a la resistencia al cambio, adaptarse, saberse amoldar.

Para alcanzar el éxito -con el significado que cada uno quiera darle a este término- nos toca surfear nuestra propia ola.

 

Pero, vayamos por partes, ¿qué se entiende por sociedad líquida? Para entenderlo -como explico en el libro “Knowmads. Los trabajadores del futuro”– hay que recurrir al trabajo de un gran talentsolucionador, el sociólogo Zygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación
y Humanidades 2010. Él es quien acuña por vez primera este término en su libro “Modernidad líquida”.

 

Bauman define la SOCIEDAD INDUSTRIAL (principios del siglo XX, auge de las fábricas como cadena de producción, profesionalización de las
ciencias prácticas, jerarquización) como:

  • Pesada
  • Sólida
  • Condensada
  • Sistémica
  • Hardware

 

Frente a ella, la SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO (siglo XXI, auge de las tecnologías, movilidad, globalización, estructura en red) como:

  • Liviana
  • Líquida
  • Difusa
  • Rectificada
  • Software

 

Los fluidos, como los líquidos o gases, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente la forma y están en constante cambio. Fluyen. No es posible detenerlos; por eso metafóricamente el término «líquido» funciona tan bien para describir la naturaleza de esta etapa de la historia en la que nos encontramos inmersos. Por eso nos toca ser surferos de nuestras vidas profesionales.

En la jerga de este deporte, hacer un take off esel momento del despegue, es decir, el momento en el que uno se pone de pie en la tabla. Quizá uno de los instantes más difíciles, que marca el resto del viaje y trayecto en el mar. Si no se controla bien esta parte, imposible surfear.

 

 

Es la hora -para quienes aún están despertando y abriendo los ojos a esta nueva realidad líquida y cambiante- de enfrentarse a su take off profesional. Desde la valentía y honestidad  (e incluso diría que humildad) nos toca analizar nuestra situación laboral actual: mirar dónde tenemos plantados actualmente los pies (¿enterrados en la arena? ¿sujetos a “tierra firme”?) y después mirar hacia adelante para ver hasta dónde los queremos llevar. Estudiar qué trecho y qué circunstancias nos separan del objetivo; qué necesitamos mejorar para a su vez mejorar la calidad de nuestros sueños, deseos y empleabilidad. Acostumbrarnos al elemento líquido.

 

Me preguntaba no hace mucho una persona qué tenía de malo el desear la estabilidad; el querer una vida estable y predecible. Segura. Reconozco que tengo ya desarrollada una batería de respuestas posibles y complementarias a dicha pregunta por las muchas veces que todavía me la encuentro.  Pero hoy quiero traer una respuesta que no es mía, sino que pertenece a un libro puro lleno de reflexiones auténticas y sencillas, que por eso mismo me parecen brillantes.
Rescato un extracto del libro “Exitocina”, de Paco Ortiz y Miguel Ángel Robles:

 

“No. No creo que la certidumbre proporcione felicidad, porque no hay nada más seguro que la muerte, y pensar en la muerte no proporciona especial felicidad a nadie. Es más, yo diría que cualquiera que tuviera la seguridad de qué día va a morirse, sería inmensamente infeliz. Pero no sólo la capacidad de predecir nuestra muerte nos haría infelices.

Si tuviéramos la capacidad de predecir nuestra vida por entero, seríamos enormemente desgraciados.

¿Alguien puede imaginarse algo más angustioso y desmotivador que saber, desde que se es joven, las parejas, los hijos y los trabajos que vas a tener? ¡Si supiéramos con antelación cada uno de los hitos futuros de nuestra vida, sería verdaderamente horrible!

Es la incertidumbre -obviamente, en el marco de unas seguridades básicas- lo que hace soportable la vida, los que nos proporciona aliento y ganas de seguir adelante, lo que nos motiva y estimula, lo que indudablemente nos hace felices”.

 

“El surf es uno de los pocos deportes que hay que mirar hacia adelante para ver lo que hay detrás”
Laird Hamilton.

 

¡Feliz semana!

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