Si nuestros datos son el petróleo del s.XXI ¿por qué los (mal)regalamos?

14/10/2019

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Artículo opinión originalmente publicado en la revista GLAMOUR (nº sep 2019)

Hay pensamientos que compartimos el común de los mortales, aunque no hablemos mucho sobre ello. Como odiar el gotelé por ejemplo. Y cosas que también hacemos inconscientemente el común de los mortales -sobre todo cuando tenemos tiempo muerto- como el “buscar formas”. Ya sea en las dichosas paredes rugosas, en las nubes o en una baldosa, nos encanta sacar parecidos. Si te pregunto “¿y tú qué ves en estas 10 manchas de tinta?” asegurándote además que en función de tus respuestas sabrás qué personalidad tienes, ¿te animarías a hacerlo? Considero importante el autoconocimiento por aquello de buscar siempre una mejor versión de uno mismo (actitud de beta permanente) y decido clickar en una web que me ofrece justo eso: hacer el test de Rorschach, que consiste en observar unas manchas abstractas de tinta (fractales) que en función de la proyección de tu personalidad te invita a ver unas cosas u otras. Miro una lámina, me concentro… Y aparece la cara de un gato. Según esta web si ves “un gato” eres una experta en solucionar problemas. Vaya, qué suerte. Claro que la cosa cambia si has visto “un pollo asado” (qué poco glamour mental por cierto) y ni te cuento si ves – copio literal- “una mujer que ha golpeado a su marido hasta matarle”. ¿Perdón? Si alguien ve eso no hace falta que me interpreten el dato, que ya me hago yo solita una idea de lo que esconde ese cerebro.

Mi experimento de autoanálisis de personalidad es un bluff total. Normal: ¿en qué página web/app estoy haciendo este test? ¿Qué fiabilidad ofrece? Es más ¿qué sé del tal Rorschach? Leyendo la biografía de este psicólogo suizo encima descubro que se inspiró en el trabajo de Freud, que santo de mi devoción no es… Ya sea interpretar dibujos, averiguar a qué famoso / animal te pareces, o descubrir tu arquetipo con un Eneagrama, lo que está claro es que los test de personalidad de consumo snack forman parte de nuestra vida digital. Y para qué engañarnos, pese a su escasa fiabilidad son divertidos y adictivos, como las grasas trans. Y por lo tanto buenos para el alma si te hacen pasar un buen rato.

Sin juzgar la valía y utilidad como herramienta profesional cuando la usan profesionales, los test digitales son un juego, puro entretenimiento. La verdadera cuestión es: ¿están otros jugando conmigo -con mis datos- cada vez que me descargo una app? Porque cada 30 minutos de navegación entregamos nuestros datos personales a más de 100 empresas, sin saberlo. Hay más de 1000 aplicaciones de Google Play Android que recopilan datos de sus usuarios incluso después de haber desactivado los permisos y 1.325 aplicaciones violan directamente el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (estudio del Instituto Internacional de Ciencias de la Computación).

El 12% de los españoles acepta acceder a un juego de moda en redes sociales sin mirar antes los permisos que entrega. No se trata de vivir desconectados o bloquear cookies compulsivamente, pero sí de ser conscientes de qué estamos dispuestos a pagar con información propia a cambio de qué, para no ser víctimas de casos como FaceApp o Cambridge Analytica. Ya formamos parte de la Generación Big Data (recogida e interpretación masiva de datos), ya que la calidad de la experiencia del usuario es directamente proporcional a la cantidad de información que estemos dispuestos a ceder. Otra cosa es que eso, a ratos, nos moleste. Tan contradictorio siempre el ser humano, al que no le gusta nada que le etiqueten… excepto a través de los test de personalidad, por supuesto.

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