Ingredientes del líderazgo carismático (que no nace, se hace)

Nueva York, año 1955. Marylin, acompañada de un redactor de revista y un fotógrafo, quiere hacer un experimento: demostrar que si ella así lo quiere puede pasar de ser la increíble, carismática y vistosa Marylin Monroe a una anodina, invisible y normalísima Norma Jean Baker. ¿Cruzarse con esta rubia espectacular y que nadie se pare a mirarla ni dos veces? ¡Venga ya! Pues bien, la actriz entra en el abarrotado andén del Grand Central Terminal como Norma, sube al metro, se sienta en un vagón… y exactamente eso es lo que pasa: ni una mirada, ni un volteo, absolutamente nadie la reconoce. Cuando sale de nuevo a la calle, con cierta ironía, le dice al fotógrafo “y ahora, ¿quieres verla”? Y sencillamente se ahuecó el pelo, adoptó cierta pose… y apareció todo su magnetismo! Irradiado, por voluntad. De dentro a fuera. La calle se paró para mirarla y decenas de fans se le tiraron encima.

Me encanta esta historia porque me ayuda en los talleres de “Liderazgo Influyente y Comunicación en Ecosistemas digitales” que imparto con Kemp.es, a desmontar el gran mito del carisma. Y es que la mayoría pensamos que se nace o no carismático, cuando en realidad es una habilidad que se puede aprender. Algo que incluso, como en Marylin, se activa o desactiva porque nadie es carismático las 24 horas del día (qué agotador pelo y pose 24/7 no? 😅). Como explica la coach francesa Olivia Fox Cabane en su libro “El mito del carisma”, éste se puede trabajar y por supuesto mejorar. “Si fuera innato -explica-, las personas carismáticas siempre serían cautivadoras, y no es así”. Pero todos podemos (y debemos) mejorar nuestra capacidad de comunicación además de revisar cuántas creencias limitantes -quizá- tenemos sobre nosotros mismos que nos pueden impedir alcanzar ciertos objetivos, actitudes o comportamientos. Dejar una impresión positiva y sobre todo duradera en las personas nos aporta un plus en nuestra carrera, ya que se ha demostrado que el 50% de los casos de éxito profesional dependen del magnetismo personal.

Además, ya sabemos la importancia que tienen el LIDERAZGO y la COMUNICACIÓN en las Organizaciones. En una sociedad líquida, globalizada e hiperconectada, en la que los cambios son exponenciales, las empresas necesitan líderes multitalento, orientados a las personas, que se conozcan a sí mismos, que inspiren y compartan su conocimiento, que comuniquen con claridad y transparencia, que gestionen bien su tiempo y su productividad, que estén digitalizados, con capacidad de mejorar y crecer y que no solo sean buenos líderes, sino también buenos seguidores. Casi nada 🙂

Tener carisma se relaciona, entre otras cosas con:
. irradiar pasión
. convicción personal
. seguridad corporal
. dominar la comunicación influyente

La palabra “carisma” significa en la traducción del griego antiguo “atraer la atención”. Ya en los años 90, los psicólogos económicos Jane Howel y Bruce Avolio demostraron que un liderazgo carismático aumenta la productividad e incluso afecta a la cotización de las acciones de la Compañía.

Es más, del ´top ten´ de habilidades más requeridas por las empresas que hacen contrataciones en LinkedIn, la habilidad de comunicar adecuadamente, de ser un buen comunicador, es la más buscada. Y es que el tener una mejor o peor capacidad de comunicación impacta en el que seamos más o menos competitivos. Que nos quieran escuchar, atender, oír, comprar, seguirnos… La comunicación es la base de todo, desde nuestras relaciones con los demás hasta el cómo nos relacionamos con nosotros mismos.

Y lo mejor es que no hay necesidad de fingir ni actuar como el mito americano porque el verdadero carisma -el que mola, el que necesitamos en los entornos de trabajo, el de las personas que de verdad dejan huella- no nacen de un giro de melena o cadera, sino de un trío maravilloso que parte de la comunicación influyente compuesto por:
empatía + capacidad de escucha activa + atención plena. Curiosamente, los mismos ingredientes que tiene la buena gente. Y es que como dice el el tenor Robert Brault «carisma es el nombre elegante dado a la habilidad de darle a la gente toda su atención». Una habilidad por tanto alcanzable, necesaria y deseable.

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