¿Qué pasaría si tuviéramos todo el tiempo del mundo para el ocio?

Ahora que una parte del hemisferio recién ha disfrutado de las vacaciones y de la desconexión, hagámonos una pregunta: ¿Qué pasaría si tuviéramos todo el tiempo del mundo para el ocio?

Imagínate, un forever en el chiringuito con la brisa, el mar, el tinto de verano… Ahhh

¿Seríamos más felices?

Pues parecería que sí… pero no. O al menos eso dicen las autoras del la investigación «Los efectos de tener mucho y poco tiempo libre en la satisfacción vital». Después de estudiar a una población de 35.375 adultos, trabajadores y desempleados, identificaron que tener demasiado tiempo libre (más de 2 horas diarias) puede llegar a tener desventajas en lo que se refiere a la felicidad. Si tener poco tiempo libre para el ocio es malo, tener mucho también lo es. ¡Incluso peor! Nos genera estrés, falta de realización, amenaza de la identidad, pérdida del placer por las actividades ociosas… Será porque las autoras son norteamericanas y no saben el gustito que da el dolce far niente al sol con una cervecita con limón 

En mi caso, quizá por la mezcla de ser autónoma, knowmad y profesional que trabaja también para el otro hemisferio del planeta que está on, hace ya muchos años que en mi maleta de las vacaciones -al igual que en de viaje por trabajo- conviven en paz, armonía y amor las chanclas y los zapatos de tacón. Al igual que no hago distinción entre vida laboral y personal, pues ambas, todo el rato, soy yo.

Por supuesto no hace falta tanta mimetización -cada cual que desconecte del trabajo lo que necesite, pueda y desee – pero no te mentiré: el futuro laboral se dibuja mejor para quien dedica la mayor parte de su tiempo de ocio al estudio. Que es una derivada del trabajo. Claro que cuando te gusta aprender éste pasa a la categoría de ocio 😉 Y así es más fácil.

Aprender de por vida. Long life learning.

Sé que puede dar un poco de pereza a quienes no tengan el modo always learning aún integrado, pero en verdad, cuanto más mayores somos más preparado tenemos el cerebro para comprender, asociar, tender puentes a nuevas informaciones y encajarlas apropiadamente en su lugar. No hablamos de memorizar (como bien dicen los críos “¡ya está en Google!”) sino que hablamos de insertar nuevos aprendizajes en conocimientos antiguos; no partimos de cero. Los aprendizajes válidos además hoy día son más cortos, específicos, más “nicho”, concretos y ùtiles.

Los próximos años se posicionarán mejor aquellos trabajadores y las empresas que pongan el aprendizaje y la formación (capacitación) en el top 3 de sus estrategias junto con innovación y digitalización (gracias @Isa por ser ejemplo de todo ello ). El propio Foro Económico Mundial (WEF) en su informe “El futuro de los empleos: Estrategia de empleo, habilidades y fuerza laboral para la Cuarta Revolución Industrial” enfatiza la necesidad de incentivar el aprendizaje de por vida.

Hablamos de aprendizaje por integración, por analogía, por asociación… pero también por dedicación y con estrategia. Con un objetivo claro en el desarrollo de nuestras carreras: ¿qué queremos conseguir? ¿qué nos puede venir bien saber para el día de mañana? Hay que ser valiente para hacer del aprendizaje un ocio. Pero para nuestra super-vivencia laboral es más relevante lo que vamos a necesitar mañana que lo que ya sabemos hoy.

Así que ánimo ahí reactivando las neuronas. A la cerveza invito yo.

#summertime #longlifelearning #agileworker #knowmads #silversurfers

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