¿Morir con las botas puestas? Yo paso

Probablemente recuerdes al Teniente Coronel Custer (Errol Flynn) enfrentándose a los indios de Caballo Loco en la famosa película Murieron con las botas puestas. Al pobre además de machacarle en la Academia de West Point, le mandan al frente en la Guerra de Secesión, y no contentos con eso le envían al frente del Séptimo de Caballería a luchar contra los indios. Y claro, agotadas sus vidas de supervivencia, ahí la palma. Con las botas puestas, eso sí.

Genial, seguro que son superprácticas en el más allá. La pregunta es: ¿hasta que punto, de verdad, hay que pelear hasta el final… por las causas de otros (aunque te hayan hecho creer que son las tuyas)? O cuando el beneficio de tu sacrificio va a parar a manos ajenas (siendo tu parte del pastel bastante chiquitita en comparación); o cuando te sientes obligado por las circunstancias (llámalo crisis o miedo al paro)… etc. Cada uno sabe de lo que hablo. ¿Morir con las botas puestas? Yo paso, gracias. Si no me identifico auténticamente con la causa (llamalo proyecto, trabajo o lo que tú quieras), y no me reporta beneficio sino sacrificio, o la contraprestación ni se ajusta ni es justa (no sólo económica, también humanamente hablando) prefiero colgar las botas (cuando el momento sea el adecuado, por supuesto; evitemos el suicidio) y probar unos zapatos nuevos. Hechos a medida. Quizá sean algo incómodos o duros al principio, pero ¡qué carallo! Son los míos, y la cosa trata de no morir en cualquier caso, sino de vivir. Y pasándonoslo bien -que se puede y se debe- para más inri.  ¿Que no me apetece -o no sé- cómo hacerme esos zapatos nuevos? Pues recorramos las múltiples zapaterías del mundo hasta dar con ese par adecuado. Es cuestión de tiempo que los encuentres, pero seguro están ahí esperándote (¡o buscándote!).

EL TALENTSOLUCIONADOR REMENDÓN
Dicho con cariño… Remendón o artesano. Que trabajan pieza por pieza, cuidando el material y el acabado de segunda mano (o sea, tú y yo). El caso es que hay muuuchas personas especializadas en dar el empujón emocional e intelectual a esos soldados del Séptimo que están hasta el Octavo. Para que se animen a tomar las riendas de su vida (aquí el juego de palabras sale solo…) y adopten por fin la decisión que mejor les convenga a sus vidas. Porque todos tenemos derecho -aparte de ser mucho más rentable- a una relación de win-win (ganar-ganar), ya seas empleado, autónomo o empresario.
De entre todos estos expertos, como hay que elegir (espero poder ir hablando de los demás en distintos post), me quedo con estos tres. O más bien con sus libros.

1. El mejor negocio eres tú (Conecta), de Reid Hoffman y Ben Casnocha. Si Ben no te suena de nada… ok, pero a @reidhoffman será mejor que le tengas bien fichado. Es el cofundador y presidente de LinkedIn y un tipo de lo más interesante. Este libro da muy buenas pistas de cómo hacer de ti un proyecto empresarial, porque no hay mejor inversión que hacerla en uno mismo. Con ideas para tener listo un Plan A, un Plan B… y uno Z. No te desvelo más, pero es de sensatos leer un libro escrito por una MENTE del Silicon Valley, y que ofrece un montón de consejos para sacar el máximo partido a esta red laboral.

2. SuperAcción (Ediciones Obelisco), de Mònica Fusté. Aquí, como el propio subtítulo indica, se trata de acelerar tu ruta al éxito (la definición a esta palabra se la pones tú) con un método coaching de alto impacto. En otras palabras, es un libro hiper práctico -está lleno de ejercicicios- que te pega un chute de motivación ipso-facto. Además, el lenguaje de Mónica engancha como su sonrisa. Aquí su blog, no te lo pierdas: www.monicafuste.com

3. Tú puedes (Planeta), de Joaquín Lorente. Para quienes os mováis en el mundo de la comunicación -sobre todo publicitaria- @joaquin_lorente no necesitará mucha presentación. Es uno de los publicistas nacionales más reconocidos. En el libro hay 146 principios (o ideas desarrolladas), con subrayados y todo (para quienes leen en diagonal). ¿Algunos titulares… O principios? “Si no riegas tu cerebro, se te secará”; “Cuando más te llenas de pasado, más pasado proyectas”; “Nadie conoce mejor el huerto que quien lo cultiva” (este me gusta especialmente)…

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