No te fijes en mi CV, fíjate en mí

Hace unos días, una compañera de profesión me comentaba lo difícil que le resultaba que la “descasillaran” profesionalmente y lo mucho que le costaba ampliar nuevos horizontes laborales; decía sentirse “condenada” por su currículo. Como esta conversación es recurrente, me interesa y pilla de cerca, he decidido escribir sobre ello a ver si por el camino se despejan algunos “demonios”. Cuando has estado mucho tiempo haciendo una labor determinada, o ejerciendo tu profesión en un ámbito específico, es como si ya no existiera más futuro profesional que ese.

Cierto es que es dónde más contactos se tienen y dónde mejor se conoce lo que has hecho, pero al final son círculos tan cerrados y pequeños que muchas veces se acaba contratando a “los de siempre”, que no siempre son los mejores. O te ofrecen puestos en otros lugares  que -salvando por supuesto alguna excepción- son más de lo mismo (en cuanto a la forma de trabajar y lo que tienes que aportar). La oferta y demanda laboral se convierte así en un baile de sillas entre grotesco y especulativo (prima el cotilleo sectorial) en el que todo entra dentro de lo “predecible”; los puestos se “apañan” (se cubren) pero los resultados que se obtienen con demasiada frecuencia son iguales a los que ya había. Como decía Einstein: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”

¿Por qué ese miedo a mirar más allá de lo que dice el currículo? ¿Qué necesidad hay de contratar más de lo mismo, o a más de los mismos? ¿Qué se pierde en atender la petición de alguien que se reconoce preparado para un trabajo, aunque a priori no sea su expertise? ¿Por qué no buscar otros perfiles, que puedan aportar matices nuevos, quizá más refrescantes u originales por el simple hecho de no estar ya “curtido” (léase “quemado”) en esas lides? Esto hace que se pierda mucho talento por el camino. Si uno está dispuesto a salir de su zona de confort, con todo lo que eso conlleva, punto positivo. Eso significa que tiene más ganas, más ilusión y más necesidad que otros de sacar lo mejor de sí mismo. Y por lo tanto las probabilidades de que aporte más -y mejor- a la nueva empresa se multiplica. (Nota: ojo, siempre dando por hecho que esa persona es un buen profesional). No estoy hablando de reinventarse profesionalmente desde cero, ni de pasar de ser periodista a cirujano (pon tú el nombre de la profesión que te resulte más cercana), sino de poder girar y ampliar horizontes dentro de tu ámbito más global. Es decir, si tu campo es la comunicación, y eres buen comunicador, puedes aportar en cualquier medio periodístico, pero también en un gabinete de prensa, o en comunicación interna… y por supuesto en cualquier empresa o marca (sobre el nuevo periodismo hablo aquí). Y en tantos otros sitios. Pongo como ejemplo mi sector porque es el que mejor conozco, pero creo el concepto es extrapolable a casi cualquier profesión. El tema está en que la empresa -y los departamentos de RRHH- también estén dispuestos a salir de su zona de confort.

¿CONTRATAR POR LA ACTITUD?

Una frase que todos tenemos en boca y en nuestro imaginario de “mundo laboral ideal”, pero que no tantas empresas practican (y pocos candidatos se toman en serio): “los conocimientos y habilidades se pueden enseñar, pero la actitud es un don difícilmente contagiable” (bueno, la frase es mía, ligeramente modificada sobre la estándar). Yo creo en ella. Y por eso, antes de descartar un cv por lo que en él se dice (insisto: no hablo de coger peras en vez de manzanas ni decorador de interior por ingeniero; partamos del sentido común), habría que tener un one to one con ese candidato para percibir o desentrañar su actitud. Alguien positivo, que trabaja bien en equipo, que es innovador, resolutivo, proactivo (sustituye o añade aquí las cualidades que creas necesarias para tu empresa) probablemente de mejores resultados que otro que sea “la bomba”, pero que a la larga -por su actitud- genere conflictos, malos rollos o tensiones en el equipo (= acabarás perdiendo dinero y talento ¡fijo!). ¿Otro error? Contratar a alguien que se considera a sí mismo profesional Alfa (no cree que tenga nada nuevo que aprender), pues no traerá consigo innovación y creatividad. Son los beta permanentes (constante evolución, aprendizaje e ilusión) quienes aportarán valor añadido a su trabajo.

Son muchos los profesionales que,  como mariposas, quedan atrapados en su red laboral, hasta que pierden todo el polvo de sus alas. Y con él la creatividad, las ganas… Si esa mariposa está dispuesta a convertirse en abeja, y con ello recuperar la ilusión perdida (o robada), escuchémosla. O rescatémosla. Te va a llenar las arcas de polen.
Porque las mieles, eso sí, se hacen entre todos.

 

¿CÓMO PASAR DE MARIPOSA A ABEJA?

Porque los milagros no existen (si acaso se atraen), y ya sabes -por lo mucho que lo repito- que nadie va a preocuparse tanto como tú por tu futuro laboral, la primera condición que recomendaría es ser proactivo. ¡He aquí la segunda de mis conversaciones recurrentes! Si las ganas de volar más alto o más lejos ya las tienes, cuéntaselo al mundo. No basta con decirles a tus contactos lo quemado o desperdiciado que estás en tu lugar de trabajo (es más, cuéntalo sí, pero solo una vez); tienes que demostrar tu deseo con hechos. ¿Cómo? Siendo tú mismo el motor de cambio. Dar esos primeros pasos para llegar al lugar deseado.

Qué tal si pruebas con este mantra:

“No te fijes en mi cv, fíjate en mí”

– Eso significa que deberías empezar desde ya a trabajar tu marca personal. Lo que tú eres como profesional, más allá del lugar para el que actualmente trabajas. Todo aquello que puedes aportar, tu valor añadido, tus talentos (explóralos, te sorprenderás cuántas cosas sabes y eres capaz de hacer, de verdad. Que no te suene a consejo “maternalista”, sino realista). Cúrratelo ya sabes dónde: en Internet. Abre tu blog, activa tus redes sociales, aporta, comparte, aprende… Encuentra tu identidad (o ves aproximándote a ella) y exponte. Te ayudo, sí así lo quieres, presentándote a los mejores profesionales que a su vez pueden ayudarte a conseguirlo en “Y este crack ¿te suena?”. La de gente increíble que hay ahí fuera (en la Red) y la de cosas que podemos aprender de ellos.

– Sal tú también a su encuentro. Aplica a empresas que te atraigan aunque te parezca que jamás te cogerían; contacta a cargos directivos o personas influyentes de allá donde te gustaría estar (aportando algo, siempre aportando); ten tu mente abierta: es posible que sepas cómo quieres trabajar y con qué perfiles y condiciones, pero no exactamente dónde. (segundo mantra: “Lo sabremos cuando llegue”).

-Ve a cursos, conferencias, haz networking… Lo has oído mil veces, pero hay que hacerlo (aunque eso signifique -y es así- robar tiempo a tu ocio). ¡Y pásatelo bien haciéndolo! Se supone que aspiras a un algo mejor para tí, asi que tienes que sentirlo así desde el primer momento. Si te lo tomas como un esfuerzo, mal… La expresión es pelín ordinaria pero real: que aquello que hagas por ti, “te ponga”.

-Hey, cúrrate también la actitud. He dicho antes que es muy difícil contagiarla, y cierto es, sobre todo cuando la maquinaria laboral ya está en marcha y uno arrastra de un lugar para otro sus carencias (y la reputación le precede); pero eso no quita la posibilidad de esforzarse por ser mejor persona. Porque básicamente la actitud consiste en eso. Ser buena gente en todos los ámbitos de la vida. Ésta nos enseña constantemente a ser más empáticos, menos egoístas, a escuchar mejor, preocuparnos por los otros, a ser generosos, más asertivos, etc.

Aprende. Lima o mejora esas áreas que sabes podrían ser definitivas para dar ese salto (inglés…lo que sea). Y si te “pillan” (¡enhorabuena!) mientras todavía están sin perfeccionar, comprométete con la empresa a solventarlo en el menor plazo posible. Si han creído en ti, es porque saben que lo harás, y lo conseguirás.

-Ten paciencia. Todo lleva su tiempo, y las cosas buenas a veces tardan un poco en aparecer. Más cuando estás virando la trayectoria. Los demás deben confiar en ti. Esa empresa que esté dispuesta a salir de su zona de confort, lo hará con tiento. Seguramente te observará durante un tiempo, dudará, etc. Pero si tu trabajo en tí mismo es bueno, y eres auténtico, alguien apostará por ti. Al final siempre se trata de eso: una persona que apuesta por otra. Así de simple y así de increíble.

CIENTÍFICAMENTE DEMOSTRADO

Vamos a la parte que más me gusta: contrastar la teoría con los hechos. Quizá me he pasado con lo de científicamente, pero pruebas hay de que esto de seleccionar por la actitud… funciona. Existe una empresa talentsolucionadora (unas cuantas en realidad, y españolas también, por supuesto) que se utiliza como ejemplo de ello, y de la que seguramente hayas oído hablar:

CASO Southwest Airlines

Pionera en este concepto de “contratar por la actitud”, es una empresa solvente, innovadora (por cierto que fue una de las primeras aerolíneas en tener una página web) y con muchos miles de empleados a su cargo; es la “madre” -por imitación- de otras compañías como Ryanair (puaf, lo sé), pero manteniendo cositas buenas como permitir a sus pasajeros efectuar cambios de reservas sin gastos adicionales, y poder facturar sin coste ¡dos maletas! Y además, utiliza muy bien el humor en sus campañas publicitarias. Los americanos la adoran (o al menos es la que mejor valoran). Y aquí muchos sabemos de ella desde que apareció en el documento elaborado por el Center for Reputation Leadership y -blogs de liderazgo mediante- desveló que la máxima estratégica de Southwest es “liderar la fidelización y creación de valor al empleado, con el convencimiento total de que si logran dicho objetivo, será el empleado el protagonista activo de la creación de valor al cliente, y por tanto, fidelización del mismo”. Ahí es nada (bien por los visionarios).

¿Y, cómo conseguir esta estrategia?  Encontrando candidatos que combinen del mejor modo posible confianza en sí mismos, energía, humor y trabajo en equipo. Un buen cóctel de actitudes. El primer paso de su proceso de contratación es reunir a un grupo de candidatos en una sala y observar cómo interactúan. Éstos tienen que explicar, por ejemplo, una situación en la cual su sentido del humor les ayudó, qué valores rigen sus vidas, bla, bla. Las respuestas dan indicios sobre la manera de pensar que tiene el candidato, y cómo resolvería los problemas que pudieran surgir. Observan cómo interactúa con los otros, su nivel de tolerancia, de creatividad, etc. Si pasa la primera criba, un empleado de cargo similar le entrevistará para saber más sobre su conducta, y cerciorarse de que puede formar parte de la cultura de empresa -mejor dicho, “cultura de marca”- sin desestabilizarla (todos sabemos lo que pasa cuando se contrata a un mal compañero o mal jefe). Al final, la mayoría de los empleados contratados comparten estas características: son buenos profesionales, disfrutan de la compañía de otros y del trabajo en equipo, se rigen por un comportamiento ético y no se toman nada dramáticamente.

¿El doble beneficio de este tipo de empresas?

Pues además de que les va económicamente como un tiro (felicidad laboral = +productividad. Fórmula a tatuar en el cerebro empresarial), atraen a los mejores talentos -cada vez más personas se inclinan por la recompensa emocional frente a la material; mejor que haya de las dos) sin tener que mover ni un dedo. Aquellos que se acercan a estas empresas desean las mismas cosas, y se sienten parte de un todo; y, como se lo creen, reman juntos (o vuelan en este caso) hacia los mismos objetivos. Echándose ya de paso unas risas entre embarque y embarque…

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